El muro en el río Tijuana: una afrenta a la soberanía y el medio ambiente.

De Geobica — Trabajo propio, CC BY-SA 4.0 — Proporcionado por Wikimedia.

En la zona fronteriza de Tijuana, el gobierno de Estados Unidos ha erigido recientemente una estructura imponente de nueve metros en el cauce del río Tijuana. La justificación oficial se centra en la seguridad fronteriza, pero la obra se impone de manera unilateral, ignorando el espíritu de cooperación exigido por el acuerdo binacional de 1977. Este pacto, fruto de un entendimiento del respeto compartido, estipula que cualquier intervención en el cauce debe ser consultada y consensuada entre ambas naciones .

Desde el punto de vista ambiental, la construcción de este muro desata una tormenta de preocupación. Aunque se ha argumentado que la instalación de compuertas de acero permitirá el regular flujo del agua, diversos expertos advierten que el diseño podría resultar inadecuado ante lluvias intensas. El riesgo de inundaciones catastróficas en áreas densamente pobladas de Tijuana es real, y las consecuencias para la biodiversidad local podrían ser irreversibles. Los análisis técnicos indican que una mala gestión del flujo hídrico podría transformar este proyecto en una amenaza latente para miles de familias que dependen del correcto funcionamiento del río .

La dimensión política de esta obra no es menos alarmante. Desde la perspectiva mexicana se siente una creciente indignación: la omisión de la consulta binacional es una muestra clara de arrogancia y unilateralidad por parte de Estados Unidos. Este muro se ha convertido en un símbolo de la constante intromisión en asuntos que afectan directamente a la soberanía nacional. La actitud despreocupada frente a los tratados internacionales no solo vulnera compromisos históricos, sino que también erosiona la confianza que debe regir las relaciones entre vecinos que comparten retos y recursos naturales .

Ante este escenario, el sentir de la ciudadanía mexicana es de profundo descontento y exigencia. La falta de diálogo y de consideración por los impactos ambientales y sociales reabre viejas heridas y agudiza la percepción de desigualdad. Las comunidades afectadas claman por respuestas claras y acciones concretas por parte de las autoridades nacionales, que deben defender no solo el cumplimiento de los pactos internacionales, sino auchar los intereses vitales del país. No se trata simplemente de infraestructuras o medidas de seguridad, es una cuestión que toca el corazón de la dignidad nacional y el derecho de vivir en un entorno sano y respetado .

Finalmente, este muro en el río Tijuana es mucho más que una barrera física: es el reflejo de una política de división que amenaza la integridad social y natural del territorio mexicano. Cada centímetro de esa estructura simboliza el olvido de un diálogo y la imposición de decisiones unilaterales, abriendo una brecha en una relación que debería fundarse en el respeto mutuo y la cooperación. Es imperativo que se recupere el sentimiento de hermandad y se restablezcan los canales de comunicación para que el futuro de la frontera no sea marcado por la desconfianza, sino por el compromiso conjunto de proteger a quienes dependen de ella.

Fuentes: Acuerdo binacional de 1977 sobre el manejo de los cauces fronterizos entre México y Estados Unidos. : Informes y análisis técnicos de expertos ambientales locales, 2025. : Reportajes y declaraciones en medios nacionales sobre la construcción del muro en el río Tijuana. : Estudios sobre impacto ambiental y social de infraestructuras fronterizas publicados por organismos nacionales.

Escrito por A. Steelman para News by Redstone.

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